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Por Eduardo Lázaro Ezquerra, Doctor en Ciencias de la Empresa, Psicólogo-Coach. @elazaroezquerra via https://elasesorfinanciero.com

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha publicado recientemente la guía “Psicología para inversores”, en la que se recogen una serie de propuestas para facilitar la aplicación práctica de la economía conductual en las decisiones de inversión. Particularmente creo que es un acierto de la CNMV, ya que pone a disposición de los inversores y de sus asesores, una información muy valiosa para la toma de decisiones. 

El interés del regulador por la economía conductual ya quedó de manifiesto en el Boletín del la CNMV del primer trimestre de 2018, en el que publicó un interesante artículo de María Eugenia Cadenas Sáez del Departamento de Estrategia y Relaciones Institucionales de la CNMV, titulado “Del Homo economicus al Homo humanus. Breve aproximación a la economía conductual” al que precede una cita de Dan Ariely (2008) profesor de psicología del comportamiento económico que es muy acertada para introducir el tema de la economía conductual en cuanto a la toma de decisiones de inversión:  

“La capacidad de reconocer lo que nos separa del ideal constituye una parte importante de la empresa de tratar de conocernos realmente a nosotros mismos, y una parte, además, que promete numerosos beneficios prácticos. Comprender la irracionalidad es importante para nuestras acciones y decisiones cotidianas, y también para entender la forma en que diseñamos nuestro entorno y las opciones que este nos presenta”.

La guía “Psicología para inversores” se refiere a los conceptos principales de la economía conductual que propusieron dos de los premiados con el Nobel de Economía:  Daniel Kahneman (2.002) y Richard H. Thaler (2.017) que pusieron en duda la plena racionalidad del ser humano y su tendencia a tomar decisiones emocionales que afectan a las inversiones y al comportamiento de los mercados. En varios artículos anteriores en elAsesorFinaciero hemos tratado estos temas.

Es muy interesante el planteamiento que hace esta guía, afirmando que la economía conductual no surge como contraposición a la teoría económica convencional, sino como una disciplina que la complementa y la enriquece, al aportar conocimiento procedente de la psicología, las neurociencias, la antropología o la sociología, para entender mejor el proceso de toma de decisiones económicas. En este sentido, propone algunos de los principales matices que aporta la economía conductual a la teoría económica clásica como por ejemplo que somos “satisfactores”, es decir que tomamos decisiones satisfactorias aunque no necesariamente sean las óptimas. 

También, destaca que a diferencia de la teoría económica convencional que considera que el proceso de toma de decisiones está basado en el análisis y cálculo cuidadosos de todas las opciones disponibles, la economía conductual considera que las emociones y la intuición tienen un papel fundamental en este proceso.

Este modo de tomar decisiones intuitivas y emocionales puede producir sesgos en las decisiones de inversión como los que propone y explica la guía “Psicología para inversores” que deberíamos tener muy en cuenta si no queremos equivocarnos.  Algunos de los sesgos más comunes son los siguientes: exceso de confianza, ilusión de control, confirmación, anclaje, autoridad, efecto halo, prueba social, descuento hiperbólico, aversión a las pérdidas, predisposición al optimismo y falacia del coste hundido. Estos sesgos están muy bien descritos y, además, se añaden las razones por las que pueden influir en los mercados financieros.

Es muy interesante el tratamiento que hace de las fases de la toma de decisiones y de los sesgos que normalmente se pueden producir en cada una de estas fases. 

Otro aspecto a destacar es la solución para mitigar los sesgos cognitivos que afectan al proceso de toma de decisiones de inversión como un proceso en el que se pueden aplicar ciertas estrategias para aminorar los efectos de dichos sesgos. Por ejemplo, se propone que en el ámbito de la toma de decisiones financieras, resulta particularmente importante la adquisición de una adecuada educación financiera desde edades muy tempranas y a lo largo de toda la vida. En el ámbito financiero destaca la formación en la toma de conciencia de la existencia de los sesgos cognitivos, los momentos en que tienen mayor incidencia y la manera de obviarlos.

También plantea que el optimismo es positivo, pero su exceso puede acarrear consecuencias negativas, al generar expectativas irreales respecto a la inversión e impedir visualizar los riesgos que puede llevar asociados. Para evitar el exceso de optimismo, propone pensar lo contrario y considerar que la inversión puede fracasar y en las causas por las que puede hacerlo.

Recuerda que es importante conocerse a uno mismo y detectar aquellas situaciones o factores que pueden afectar negativamente al proceso de toma de decisiones de inversión, evitando adoptar este tipo de decisiones con un estado anímico o fisiológico alterado.

Por último, la guía hace una serie de recomendaciones relacionadas con la necesidad de tener una buena educación financiera, conocer los sesgos y cómo manejarlos, pensar en opciones alternativas, leer de manera crítica toda la información, no dejarse llevar por el excesivo optimismo, sistematizar el proceso de inversión y, en todo momento, ser consciente de los factores que pueden limitar nuestra capacidad, como el cansancio físico o mental.

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